Rafa Nadal ya es oficialmente mejor que Björn Borg. Parece increíble. Uno nunca hubiese pensado que el mallorquín mantendría esa regularidad. Borg era un robot, alguien sin emociones aparentes. Un deportista de la frialdad, de quien se podía suponer una regularidad sobrehumana. Un superatleta, alguien absolutamente equilibrado, sin sentimientos. Luego no fue así. Su retirada prematura denotaba tensiones inaguantables en un personaje que había tenido que renunciar a mucho para conseguir lo que había conseguido. Desde adolescente había tenido que sufrir una vida monacal. A los veintiséis se enamora de una extenista y todo se acaba. Se rompe el equilibrio. Desaparece el robot. El tipo quería vivir. Varias mujeres. El intento de implantar en el mercado una marca de ropa, al estilo de Lacoste. Casi una década después, con casi cuarenta años, el tipo vuelve. Se había escrito tanto acerca de su superioridad, de lo estratosférico de su juego implacable, que el tipo se empeñó en volver para demostrarle al mundo que seguía siendo el mismo. Como si una década llevando vida de
playboy no le hubiese hecho mella. Su juego, como es evidente, ya no intimidaba a nadie. Inclusive, el tipo quiso volver a jugar con su vieja raqueta de madera. Ya nadie usaba raquetas de madera. Recuerdo que un tenista mediocre, un tal Jordi Arrese, lo eliminó en primera ronda de Montecarlo, creo, cubriéndose de gloria. Pocos podían decir que habían ganado al gran Borg. Arrese ganó a un Borg cuarentón, renqueante, lento, sin físico. La victoria de su vida. El pobre Borg no se recuperó de aquello. No recuerdo si volvió a jugar uno o dos torneos más antes de retirarse definitivamente.
No obstante quedaron sus extraordinarios triunfos. Seis Roland Garros y cinco Wimbledon. Al parecer, el tipo alcanzaba la punta de forma al final de la primavera y el principio del verano. Nunca llegó a una final en el Open de Australia, que se juega en enero, y nunca ganó una final del Open de Estados Unidos, a finales de agosto. Era un tenista fundamentado en su extraordinario físico, en su capacidad de concentración, en su competitividad sin fisuras. El creador del, digamos, tenis
moderno. El primero, junto con Jimmy Connors, en utilizar un revés a dos manos; el primer tenista en ganar Wimbledon sin utilizar apenas jugadas de ataque, con un tenis defensivo, los golpes muy liftados, dos metros por detrás de la línea de fondo de la pista (algo que en su momento parecía inverosímil).
Nadal utiliza el mismo esquema de juego. La base de su tenis es defensiva. Se apalanca en el fondo cuando las cosas no le salen. Hay quien dice que Nadal es una mezcla de Borg, por su capacidad
defensiva, y Jimmy Connors; pues Nadal parece mucho más temperamental que Borg, tiene una mayor capacidad de
atacar desde el fondo, una mayor
agresividad, semejante, quizá, al temperamento tenístico de Connors.
No lo sé. Para mí el gran heredero actual de Jimmy Connors es, en efecto, Novak Djokovic. Connors y Djokovic usan golpes muy planos desde el fondo, lo que hace el juego de fondo mucho más difícil pues requiere de una mayor precisión. Además, el juego de éstos se produce dentro de la pista, abriendo ángulos desde una posición adelantada, pisando la línea de fondo y desplazándose lateralmente sobre ella. Como Agassi, como Davydenko y como tantos otros.
Nadal no es Connors. Nadal es Borg. Un Borg temperamental,
campechano, simpático, sonriente. Un Borg caliente, tropicalista y
natural. Un Borg mejor, tal vez. (A pesar de que nunca sabremos lo que hubiese conseguido el sueco si no se hubiese retirado prematuramente.) A saber cuál es el secreto de la extraordinaria regularidad de Rafael Nadal. Esa familia mallorquina que lo sigue a todas partes. Esa novia
familiar, que parece diseñada para él, para que sepa lo que es la vida y no se vuelva loco pensando que se está perdiendo algo importante. Ese tío entrenador; entrenador desde la cuna, que una vez le inculcó aquello de que
de los finalistas nadie se acuerda si no ganan las finales, o algo parecido.
Nadal es el mejor deportista español de todos los tiempos. Yo hubiese querido otro tipo de jugador. Alguien más en la línea de Orantes. Un jugador con un tenis más
creativo. Menos
moderno.