miércoles, 13 de mayo de 2026

 [13/5, 20:37] J  M: Una cua de tou hablando con su prima

[13/5, 20:37] J  M: Una cua de tou

[13/5, 20:37] Meta AI: Lo siento, ahora mismo no puedo ayudarte con esta solicitud. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarte?

[13/5, 20:38] J  M: El cuento de una cua de tou

[13/5, 20:38] Meta AI: **El

Valcarcel Medida y Albert Serra

Valcarcel Medina es de los que rechazan las formas tradicionales de expresión artística.  Yo diría que no tanto por una razón ideológica sino generacional.  Podrá hacer cualquier cosa en un espacio expositivo excepto utilizar pigmento y aglutinante sobre una superficie plana.  Generalmente la expresión de su idea se produce mediante tinta o lápiz sobre papel.  Bajo la idea del proyecto ingenieril.  En sus entrevistas Valcarcel Medina dice que el motor de sus realizaciones es la idea de progreso.  Esto es, llevar a cabo,  todavía,  lo no hecho. En ese sentido,  tiene un punto de ingenuidad que remite a la época moderna.  Es un Duchamp en precario.  Aunque a mí me recuerda más,  por el lado místico y porque no siendo músico lo entiendo musical,  a John Cage. 

El cineasta Albert Serra no tiene problemas con la tradición.  El cine, en general,  no tiene problemas con la tradición.  Porque el cine es fotografía y la fotografía es pintura. Para mí la culminación de todo lo logrado por Albert Serra esta en Pacifiction.  No he escuchado demasiado hablar a Serra.  Su estampa remite,  en cierto sentido,  a determinado perfil catalán muy en la línea de Salvador Dalí.  Si hay algo de modernidad en Serra es una modernidad daliniana.  Retorcida y cínica.  Como si solamente creyera en la perversión del ser humano y armase su discurso en la contemplación de esta forma de relación basada en el engaño y la corrupción.  

Valcarcel Medina es un creador limpio.  Albert Serra encuentra su arte en la corrupción del espíritu. 

martes, 12 de mayo de 2026

 El Jutsu que Solo


En la aldea de Kiri, donde la niebla se pegaba a la piel como un secreto, vivía Ren, un chico de 14 años que no tenía clan, ni maestro, ni amigos con los que entrenar.


Todos los demás practicaban jutsus en equipo: el Jutsu de Clonación en grupo, la Formación Pájaro, el Encierro de Agua en dúo. Ren solo tenía un pergamino viejo que encontró bajo el puente del río. Estaba manchado de tinta y lluvia, y en la primera página decía: _Jutsu del Eco Silente_.


El problema era que el pergamino no explicaba cómo hacerlo. Solo decía: _“Este jutsu no funciona si hay alguien más cerca que tu propia respiración”_.


Ren se pasó meses intentándolo a solas en el acantilado norte. Ponía las manos en el sello del tigre, cerraba los ojos, y concentraba su chakra. Nada pasaba. Los otros chicos se burlaban: “¡Ren el Solo! Ni siquiera un jutsu puede soportarte”.


Una noche, la aldea fue atacada. Un grupo de bandidos con máscaras de hueso llegó durante la marea baja, cuando la niebla era más densa. Los ninjas de Kiri salieron a defender, pero los bandidos usaban un genjutsu que hacía que los equipos se atacaran entre sí. El pánico se extendió.


Ren corrió hacia el acantilado. No tenía a nadie con quien luchar. Pero entonces entendió el pergamino.


El Jutsu del Eco Silente no era para atacar. Era para escuchar.


Se sentó en el borde, selló las manos, y dejó que el chakra saliera sin ruido, sin forma. El jutsu solo funcionaba en soledad porque convertía tu silencio en un espejo. El sonido de la aldea regresó a él: los gritos, el choque de kunais, el susurro del genjutsu repitiéndose como un eco roto.


Y en ese eco, Ren oyó la frecuencia falsa. La nota que no pertenecía.


Se levantó, corrió hacia la plaza y, sin decir nada, tocó el suelo con la palma. El Jutsu del Eco Silente devolvió el sonido real de la aldea a todos los que estaban atrapados en el genjutsu. El ruido verdadero rompió la ilusión como un espejo.


Los bandidos huyeron antes del amanecer.


Al día siguiente, nadie habló del “Ren el Solo”. La capitana de la guardia le dejó el pergamino roto sobre su mesa, con una nota: _“Los jutsus que se hacen solo, a veces salvan a todos. Entrena con nosotros mañana. 6 AM. No llegues tarde”_.


Ren dobló la nota, sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, no se sintió solo.


¿Quieres que continúe la historia con una segunda parte donde Ren aprende a usar ese jutsu en equipo?

lunes, 27 de abril de 2026
































 

Bruce Nauman y Michel Stipe

Michael Stipe estrena canción y anuncia un álbum en solitario.  ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Veinte años? Me siento tan abandonado por el mundo de la cultura popular que he acogido la noticia con un halo de esperanza.  Geese,  la última banda por la que me he interesado, ahora resulta ser fruto de una gigantesca operación de marketing en redes sociales,  amplificada mediante bots y mierdas de esas.  ¿Dónde ha ido a parar la honestidad de la gente? ¿Fueron mis viejos ídolos populares aupados a la fama por medios precarios gente honesta? ¿Mantiene el hoy barbudo y envejecido Stipe algo de la integridad que le atribuí en otro tiempo?

Encontrar esta noticia sobre Michael Stipe me ha llevado, no sé por qué,  a buscar cosas sobre Bruce Nauman en YouTube.  Hacía mucho tiempo que no me interesaba por la obra de este escultor,  que me fascinaba décadas atrás.  Encuentro entrevistas de un Nauman octogenario,  con un aspecto físico que apenas recuerda al de sus acciones grabadas en vídeo más famosas.  En una charla con el pintor Eric Fischl explica sus últimas performances. Tanteos en la geometría del suelo de su propio estudio muy parecidos a los que hiciera en los años sesenta del siglo pasado; sin embargo,  esta vez apoyado en una silla y ayudado por una persona para mantener el equilibrio. La dificultad,  si cabe, lo hace más árido o categórico.  Está claro que ya no hace lo que hace por la atención que suscita.  Sino por una especie de inercia que lo obliga a continuar,  a pesar de la dificultad o de la decrepitud. 

Al escuchar y ver a Nauman pienso que el artista americano es, en cierto modo,  el mismo tipo de persona que debía ser el escritor Samuel Beckett. Casi resulta un milagro que todavía haya alguien así,  tan, digamos, fuera de lo contingente del ser humano y, por tanto, todavía sumergido en una especie de histeria metafísica.  Repasando la obra de Nauman me parece aún una obra nuclear y poderosa. Preocupada por recoger con desesperación lo esencial que queda del ser humano.  Si es que al ser humano le queda algo esencial. 

Nauman permite que haya estudiantes que le hagan preguntas.  Se le pregunta por qué vive desde hace años aislado en Nuevo México,  lejos de los grandes centros artísticos de Los Ángeles o Nueva York. Estoy bien allí,  dice.  Beckett no hubiera sido más escueto...

martes, 24 de marzo de 2026

Isabel Coixet y el sufrimiento real

Jorge Baron Biza escribió una única novela sobre un suceso espeluznante.  Su padre desfiguró el rostro de su madre y él, el hijo,  la acompañó a ella en el proceso de recuperación y reconstrucción del rostro.  Este suceso real contiene multitud de implicaciones simbólicas.  Multitud de significados,  en sí,  y por la intervención del hijo.  Más  allá de preguntarse uno a sí  mismo qué soy yo,  nacido de ese padre que ha cometido ese acto horrible contra una persona,  mi madre, a la que supuestamente amó. La novela se titula El desierto y su semilla. No hubo otra novela; allí está todo.  Al poco de ser publicada,  el autor se suicidó. 


Este tipo de historias,  a mi modo de ver, este tipo de desgracias que le enfrentan a uno con los límites,  están en la órbita que la cineasta Isabel Coixet maneja en la ficción.  En problema es que en la ficción suelen verse las costuras,  el engranaje teledirigido a la representación del sufrimiento.  Pasa como con Tarantino y la violencia.  El americano convierte la violencia en un chiste,  un golpe gracioso.  La catalana convierte el sufrimiento en un artificio,  una elucubración. Generalmente ha sido así en sus películas.  Sin embargo,  en esta última,  titulada Tres adioses, hay algo que me ha convencido.  La banda sonora no es especialmente molona.  La protagonista no baila ni dice chorradas queriendo aparentar trascendencia.  ¿Qué ha sido esta vez? ¿Quizá la historia original,  escrita por una persona que vivió de primera mano lo narrado?

Michela Murgia. Me apunto el nombre. 

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