domingo, 31 de mayo de 2026

Benito y la sala vip

Antiguamente había una diferenciación entre las intenciones mercantiles y la integridad. Esto es, se entendía como poco íntegro declarar la necesidad de vender lo que uno hace (con una intención expresiva). Esta fórmula procedía,  sin duda, del romanticismo. 


Hay que entender el avance del mercado,  que apenas deja un reducto para cualquier intención crítica.  Fundamentalmente a partir de la consolidación de internet y las redes sociales como espacio cultural.  Una cultura filtrada por las redes sociales se difunde anestesiada,  desprovista de la antigua dicotomía.  Ya no hay mercado versus arte. Quizá se haya visto demasiado el arte corromperse. Las aspiraciones de integridad se perciben como ingenuas,  bajo capas de ironía.  Las experiencias minoritarias se ven como un fracaso. 


Para mí resulta curioso.  Por un lado se han derribado las barreras que separaban al público de sus ídolos.  Por otro lado se han potenciado las manipulaciones mercantiles; hasta el punto de que cualquier cosa que se difunde parece formar parte de una estrategia publicitaria.  


Bad Bunny,  Benito, vende hasta cuando duerme.  A veces, parece liderar una revolución latina,  enfrentándose al poder norteamericano en el feudo de la final de la Súper Bowl. Pero,  también,  se le ve codearse con naturalidad con la pléyade de multimillonarios del mundo del espectáculo invitados por el dueño de Amazon, en una fiesta a puerta cerrada en el Museo Metropolitano de Nueva York.  Benito es así.  Puede pasar de la intimidad de un vídeo que parece grabado en su cuarto de baño con un teléfono móvil al lujo más suntuoso, en un santiamén.  Y todo parece formar parte del mismo proyecto. 


Bad Bunny es al mismo tiempo Bob Marley y Michael Jackson.  Es decir, el puertorriqueño se ve capaz de aunar el aliento redentor de Rubén Blades y la experimentación formal de, digamos, Aphex Twin. Tranquilamente.  


En otra época el éxito popular y mercantil tensionaba al individuo,  hasta el punto de necesitar sumergirse en adicciones y aditamentos.  Benito ha integrado el disfraz en su naturaleza.  Puede aparecer bajo cualquier apariencia. Bad Bunny es en estos momentos el perfecto producto capitalista,  del capitalismo global.  Puede serlo todo,  puede significar cualquier cosa.


En sus conciertos, sin embargo,  se apunta un resquicio de lo que, quizá,  sea en un futuro su decadencia.  Como todo espectáculo multitudinario en sus conciertos en directo hay una zona vip,  para gente pudiente.  No obstante,  Bad Bunny ha tenido una ocurrencia warholiana.  Ha integrado a los vip en el espectáculo.  Construyendo una caseta donde exhibir a los personajes vip (futbolistas, actrices, influencers) disfrutando del espectáculo.  El vip, antes oculto,  cómodo,  en un reservado que protegía su privacidad,  ahora baila y disfruta a la vista del público.  Hasta el punto de que parte del público prefiere presenciar a los vip bailando,  haciendo recuento de celebridades, que disfrutar de un concierto incómodo,  con Benito haciendo piruetas para llegar a todos los puntos de un escenario abierto. 


Alguna vez he entendido en Andy Warhol esa fascinación por la celebridad como una debilidad, como parte de su decadencia.  El camino de The Velvet Underground hasta Elizabeth Taylor acababa en Elizabeth Taylor.  Quizá a Benito le esté ocurriendo lo mismo. 


No sé  si se puede ser del pueblo y de la élite al mismo tiempo.  Popular y experimental.  Revolucionario y capitalista.  No sé si es posible aceptar sin problemas todas las contradicciones posibles.  El inconveniente,  quizá,  es la falta de inconveniente.  En los ídolos de antaño uno podía adivinar, como espectador,  las tensiones que se producían en la persona. El peso de sus máscaras.  Esas tensiones llenaban al personaje de significados. 


¿Qué puede haber en una naturalidad sin límites sino la ausencia de significado? ¿Es Bad Bunny un misterio o solamente una broma? Me temo que,  generacionalmente, yo no estoy capacitado para comprenderlo.

viernes, 15 de mayo de 2026

"Enflirmedad oligofrebétuca" parece ser un error de escritura. Lo más probable es que te refieras a *"enfermedad oligofrénica"*, término antiguo para referirse a la *discapacidad intelectual* o *retraso mental*.


Te explico en qué consistía el concepto:


1. Qué era la oligofrenia

Era un término usado en medicina y psicología hasta finales del siglo XX para describir un funcionamiento intelectual significativamente inferior al promedio, que aparecía durante el período de desarrollo y afectaba la adaptación a la vida diaria.


La palabra viene del griego _oligo_ = poco, escaso y _phren_ = mente, entendimiento.


2. Características principales

Según la definición clásica, se diagnosticaba cuando se cumplían 3 cosas:

1. *Cociente intelectual por debajo de 70*, medido con tests estandarizados.

2. *Dificultades en la conducta adaptativa*: problemas para comunicarse, cuidar de sí mismo, usar recursos comunitarios, habilidades sociales, trabajo, ocio, seguridad.

3. *Inicio antes de los 18 años*, durante el período de desarrollo.


3. Causas

No era una sola enfermedad, sino un síndrome con muchas causas posibles:

- Genéticas: Síndrome de Down, Síndrome de X frágil

- Durante el embarazo: infecciones, consumo de alcohol, falta de oxígeno

- Al nacer: asfixia perinatal, prematuridad extrema

- En la infancia: traumatismos craneoencefálicos, meningitis, desnutrición grave


4. Por qué ya no se usa el término

Hoy el término "oligofrenia" está en desuso porque tiene una carga estigmatizante. La clasificación actual usa *"Trastorno del Desarrollo Intelectual"* [DSM-5] o *"Discapacidad Intelectual"* [CIE-11]. 


El enfoque cambió: ya no se define solo por el CI, sino por el nivel de apoyos que la persona necesita para funcionar en su entorno.


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Si te referías a otra cosa y "oligofrebétuca" es el nombre correcto, pásame de dónde lo viste y lo busco. 


¿Quieres que te explique las diferencias entre los niveles de apoyo en la discapacidad intelectual actual? 

miércoles, 13 de mayo de 2026

 [13/5, 20:37] J  M: Una cua de tou hablando con su prima

[13/5, 20:37] J  M: Una cua de tou

[13/5, 20:37] Meta AI: Lo siento, ahora mismo no puedo ayudarte con esta solicitud. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarte?

[13/5, 20:38] J  M: El cuento de una cua de tou

[13/5, 20:38] Meta AI: **El

Valcarcel Medida y Albert Serra

Valcarcel Medina es de los que rechazan las formas tradicionales de expresión artística.  Yo diría que no tanto por una razón ideológica sino generacional.  Podrá hacer cualquier cosa en un espacio expositivo excepto utilizar pigmento y aglutinante sobre una superficie plana.  Generalmente la expresión de su idea se produce mediante tinta o lápiz sobre papel.  Bajo la idea del proyecto ingenieril.  En sus entrevistas Valcarcel Medina dice que el motor de sus realizaciones es la idea de progreso.  Esto es, llevar a cabo,  todavía,  lo no hecho. En ese sentido,  tiene un punto de ingenuidad que remite a la época moderna.  Es un Duchamp en precario.  Aunque a mí me recuerda más,  por el lado místico y porque no siendo músico lo entiendo musical,  a John Cage. 

El cineasta Albert Serra no tiene problemas con la tradición.  El cine, en general,  no tiene problemas con la tradición.  Porque el cine es fotografía y la fotografía es pintura. Para mí la culminación de todo lo logrado por Albert Serra esta en Pacifiction.  No he escuchado demasiado hablar a Serra.  Su estampa remite,  en cierto sentido,  a determinado perfil catalán muy en la línea de Salvador Dalí.  Si hay algo de modernidad en Serra es una modernidad daliniana.  Retorcida y cínica.  Como si solamente creyera en la perversión del ser humano y armase su discurso en la contemplación de esta forma de relación basada en el engaño y la corrupción.  

Valcarcel Medina es un creador limpio.  Albert Serra encuentra su arte en la corrupción del espíritu. 

martes, 12 de mayo de 2026

 El Jutsu que Solo


En la aldea de Kiri, donde la niebla se pegaba a la piel como un secreto, vivía Ren, un chico de 14 años que no tenía clan, ni maestro, ni amigos con los que entrenar.


Todos los demás practicaban jutsus en equipo: el Jutsu de Clonación en grupo, la Formación Pájaro, el Encierro de Agua en dúo. Ren solo tenía un pergamino viejo que encontró bajo el puente del río. Estaba manchado de tinta y lluvia, y en la primera página decía: _Jutsu del Eco Silente_.


El problema era que el pergamino no explicaba cómo hacerlo. Solo decía: _“Este jutsu no funciona si hay alguien más cerca que tu propia respiración”_.


Ren se pasó meses intentándolo a solas en el acantilado norte. Ponía las manos en el sello del tigre, cerraba los ojos, y concentraba su chakra. Nada pasaba. Los otros chicos se burlaban: “¡Ren el Solo! Ni siquiera un jutsu puede soportarte”.


Una noche, la aldea fue atacada. Un grupo de bandidos con máscaras de hueso llegó durante la marea baja, cuando la niebla era más densa. Los ninjas de Kiri salieron a defender, pero los bandidos usaban un genjutsu que hacía que los equipos se atacaran entre sí. El pánico se extendió.


Ren corrió hacia el acantilado. No tenía a nadie con quien luchar. Pero entonces entendió el pergamino.


El Jutsu del Eco Silente no era para atacar. Era para escuchar.


Se sentó en el borde, selló las manos, y dejó que el chakra saliera sin ruido, sin forma. El jutsu solo funcionaba en soledad porque convertía tu silencio en un espejo. El sonido de la aldea regresó a él: los gritos, el choque de kunais, el susurro del genjutsu repitiéndose como un eco roto.


Y en ese eco, Ren oyó la frecuencia falsa. La nota que no pertenecía.


Se levantó, corrió hacia la plaza y, sin decir nada, tocó el suelo con la palma. El Jutsu del Eco Silente devolvió el sonido real de la aldea a todos los que estaban atrapados en el genjutsu. El ruido verdadero rompió la ilusión como un espejo.


Los bandidos huyeron antes del amanecer.


Al día siguiente, nadie habló del “Ren el Solo”. La capitana de la guardia le dejó el pergamino roto sobre su mesa, con una nota: _“Los jutsus que se hacen solo, a veces salvan a todos. Entrena con nosotros mañana. 6 AM. No llegues tarde”_.


Ren dobló la nota, sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, no se sintió solo.


¿Quieres que continúe la historia con una segunda parte donde Ren aprende a usar ese jutsu en equipo?

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