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lunes, 21 de noviembre de 2022

Van Gogh romántico

 













¿Fue Van Gogh un pintor romántico? Alguna vez uno ha leído sobre el pintor holandés comentarios despectivos; refiriéndose a él como "esa clase de pintor"... Esa clase de pintor doliente, supongo, que se sacrifica, sacrifica su vida, su corta existencia, para sacar adelante una obra entonces maldita, hoy sumamente popular. Comentarios despectivos, es de suponer, también, desde la perspectiva del artista actual, pragmático, y por pragmático, antirromántico. 


Desde siempre he alimentado un prejuicio con Van Gogh: su neurastenia se trasluce en su pintura, en la pincelada corta y rápida, insistente. 


Sin embargo, ¿hay un dibujador más entusiasta de la acción de dibujar? Frente al mito del pintor doliente, a ratos, y coexistiendo con el doliente, encontramos al dibujador profundamente alegre. Ingénuamente alegre (¿se puede ser profundamente alegre sin ingenuidad?). Tanto, que no puede evitar la frustración de encontrarse siempre, una y otra vez, con la indiferencia de los demás. 


El inglés David Hockney, en sus últimos paisajes, parece haber corregido la pincelada extraviada de Van Gogh. Parece haber encontrado un orden, una expresión serena, a partir de los recursos gráficos vangoghgianos. 


Lo que en Van Gogh es un día de sol abrasador, en Hockney es una tarde templada. 


miércoles, 6 de junio de 2012

A. Caminas por la calle, por los alrededores de tu propia casa, buscando el lugar donde dejaste el coche aparcado. Una jornada cualquiera. Piensas que tu vida es aburrida y triste. Has entrado en una especie de bucle paroxístico y te dejas dominar, definitivamente, por una rara ansiedad. La ansiedad te matará, piensas. Te alimentas mal. De buena mañana, varios cafés te mantienen en pie. Eres, de alguna forma, una especie de autómata del café. Vives por y para el café. Hay días que no tomas otra cosa. La ansiedad ya debe estar haciendo de las suyas, royéndote las entrañas. Esto es la vida. No hay otra. Una sucesión continua de rutinas exasperantes. Una batalla diaria en la que lo que se pone en juego es el aburrimiento y el autocontrol. Paseas tu figura aburguesada (barriguita incipiente, calva lustrosa, negro riguroso) por la calzada. Portas una bolsa de trabajo. De pronto un agente de policía se te acerca. Un tipo motorizado con un uniforme de poli se dirige a ti. Querrá preguntarte por una calle, o algo. Te hace el alto, ceremonioso. Con esa rigidez fingida que tienen los policías. La moto ruge, como con fiereza. El rugido de esa moto es una banda sonora perfecta para los imperativos policiales. Pare usted, le estoy diciendo. Paras. Te sientes subyugado, indefenso. No va a ser una consulta amable. No lleva esa actitud. Te plantas frente a él. Pretende registrar tu bolsa de trabajo. No puedes creerlo. Es martes, son las ocho de la mañana. Tardas unos segundos en reaccionar. Por supuesto, dices, solícito. Y le entregas esa bolsa que solamente contiene libros y carpetas. Soy profesor, te explicas. No le interesa. Te devuelve la bolsa con todo revuelto. El policía se larga, dejándote ligeramente consternado.

B. Por la tarde, llevas a tu hijo a nadar a una piscina municipal que tienes cerca de casa. Los padres, mientras los niños nadan, esperan en las gradas. Esperas en las gradas junto a otros padres. Hay un tipo dicharachero que te cuenta cosas. Te cae mal. No soportas su ENTUSIASMO. Lo que ocurre después rubrica tu apresurada opinión. Acaba la sesión. Los infantes apenas han nadado. Los han tenido sentaditos en el bordillo, haciendo palmas. A lo sumo, el monitor los coge en brazos y los pasea unos metros, palmeando la superficie de la piscina. Son unos campeones, te dice tu amigo ENTUSIASMO. Ganarán las olimpiadas, le contestas, tratando de ponerte a su nivel. Nuestros hijos salen de la piscina y se acercan a nuestra altura. Justo debajo de las gradas hay unos bancos en los que el monitor previamente ha dejado sus zapatitos de goma y sus toallas. Tu hijo rápidamente le ha dicho al monitor cuáles son los zapatitos que le corresponden y es enfundado en su toalla con premura. No obstante el hijo de ENTUSIASMO anda algo despistado. No encuentra sus zapatitos. El monitor se está poniendo nervioso. Entonces ENTUSIASMO decide intervenir. Desde las gradas, donde estamos, le grita a su hijo: Pablito, escúchame. Trata de señalarle el lugar donde están los zapatitos. El pequeño ENTUSIASMO no hace puto caso. Hay mucho barullo en la piscina. No oye a su padre. De repente, ENTUSIASMO cambia de idioma. Pablito, grita ENTUSIASMO, Pablito, listen to me. Nada, el inglés no surte efecto. No obstante el tipo insiste: Pablito, listen to me. The shoes are there. El infante ha escuchado las indicaciones de su padre en una lengua extranjera. Bajamos a por nuestros hijos. El tipo se despide. Adiós, te dice. Bye, le contestas. No vas a ser menos.


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