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domingo, 18 de junio de 2017




Todo aquello que llamaron grunge no era más que heavy metal depresivo y pesimista.


martes, 2 de mayo de 2017






De las ruinas de Uncle Tupelo Jeff Tweedy se llevó el brillo y formó Wilco. En la medida de lo posible Wilco pretende colocarse en el centro de la diana, equidistante de cualquiera de los parámetros de la música popular.

Jay Farrar siguió en la senda de la música tradicional americana. Asentado en eso que algunos llaman las raíces.

La fórmula de Wilco se agota. Es imposible, en un momento determinado, contentar a todos.

Wilco hizo músculo cargado de esteroides en el cambio de milenio, más o menos. Era deslumbrante. Pintaba de modo inmejorable; lo hacía todo bien. Inclusive, parecía tener vida interior. Tweedy es el frontman ideal. Ni muy guapo ni demasiado feo. El desaliño perfecto, la desgana justa, la astenia calculada con tiralíneas.

En su momento, no hice mucho caso de Son Volt. Dentro del tradicionalismo norteamericano había muchas más opciones, mucho más excéntricas. Todos los alias de Will Oldham. Lambchop. Vic Chesnutt. Farrar parecía demasiado anclado en el rock americano de los ochenta.

Puede que siga ahí. En el inmovilismo de la canción rock, pop, country, blues, o lo que sea. A mí hay ahora una tonada que me vuelve loco, como hacía mucho tiempo que no me sucedía. Se titula Back Against The Wall.

Echo de menos ser joven.

martes, 21 de marzo de 2017




Niño de Elche habla de política. Quiere separar la política de los partidos políticos. La política es más amplia. Sin embargo, dice, la solución a los problemas políticos pasa, aquí en España, por los partidos políticos. Desgraciadamente, dice. El Estado en España es totalmente oligárquico, dice. No hay una solución política que pueda encauzarse por otro lado. El trabajo a hacer, dice, consiste en amortiguar los golpes. En perder de la mejor manera posible.

Niño de Elche, en su nuevo proyecto junto al grupo musical Toundra (llamado Exquirla), se desmarca de anteriores formas de fusión del rock y el flamenco. Escuchas el disco y parece un disco de rock fusionado con flamenco. Similar a Omega, que fusionaba el flamenco de Enrique Morente y el rock de Lagartija Nick. Exquirla es más actual. El disco de Exquirla tiene pocos meses, el de Omega varios años. Los de Exquirla dicen que lo suyo no tiene nada que ver con nada. Lo suyo es completamente sui géneris.

Los Planetas es un grupo musical que también jugó a fusionar el rock y el flamenco. Tienen disco nuevo. Dicen que sus nuevas canciones tienen un contenido político. Ahora todos quieren tener contenido político.

La política de Los Planetas se basa en la mística de Hakim Bey, una especie de anarquista. Bey dice que no existen soluciones posibles. Lo único que nos queda es mantenernos a cubierto. Despistar al sistema. Algo así.

Hakim Bey es el nombre sufí de Peter Lamborn Wilson. Los místicos occidentales suelen interesarse por tradiciones místicas exóticas.

Lo del Niño de Elche no es tan distinto de lo de Los Planetas, si excluimos el sufismo. Aunque no creo que al Niño de Elche le guste compararse con Los Planetas. Lo suyo es totalmente sui géneris. El Niño de Elche es el auténtico dueño de la fusión del flamenco-rock con la política.

Hay una tercera vía: la militancia. La negación de lo anterior. Abandonar el rock después de haber sido uno de sus adalides. Como Nacho Vegas. Que Vegas no saque un disco más. Que se quede como está.

martes, 7 de junio de 2016




Rock noventas canoso, envejecido. Conciertos programados para cuarentones; para padres de familia, que todavía pretenden fidelidad a las músicas de cuando eran más jóvenes y compartían pisito de estudiantes y borracheras los jueves. El rock noventas siempre fue una cosa domesticada; con esa tendencia suya a la introversión y el ritual célebre de mirarse los zapatos. Ahora forma parte de una nueva corrección, política y estética. Conserva un ligero perfume desaliñado y viste de negro. Vota a Podemos y conduce automóviles de gama media, modelo familiar.

Señor Chinarro aguanta el tipo a las doce del mediodía, con un enorme cartel de Movistar a sus espaldas. Asistimos, como otros, con nuestros hijos pequeños. Ya no hay errores ni salidas de tono. Luque ya no olvida las letras. Ya no busca hacer el mejor disco posible sino la perdurabilidad. Afianzar su público con sus tonadas ligeramente aflamencadas, marca de la casa. (Cuando escucho que "creeré en el progreso cuando vuelvas a darme un beso" no puedo dejar de pensar que esta rima podría caber en una canción de Alejandro Sanz.)

León Benavente ofrecen un poderoso espectáculo en un teatro; el público sentado. Cuarentones y mucho más. De nuevo, familias con hijos y abuelos. Rock noventas adulto, con todos sus ingredientes cuidadosamente aliñados para triunfar, para gustar a este público cuarentón, domesticado y padre de familia. Quiero ser alemán, quiero ser liberal, quiero dar y recibir.


sábado, 28 de marzo de 2015




Roberto, a la izquierda, contaba chistes sin gracia. Que de poco graciosos nos hacían reír. Con un timbre de voz amable y un tono ingenuo. Al arrancar los aplausos, le daba la vuelta a su mandolina de manera que, en la parte trasera de la caja, se podía leer "GRACIAS".

Quique, menos chistoso, nos hablaba del origen de las canciones. Muchas de ellas rescatadas del folclore tradicional de la Alcarria. (Se declaran fans de Agapito Marazuela.) Aunque dicen interpretarlas a su manera.

Después de media hora escuchándoles rasgar insistentemente mandolina y guitarra uno tiende a aburrirse. Como si se estuviese asistiendo a un espectáculo de otro tiempo, con otro ritmo. Tal vez Lorena Álvarez de una pátina algo más, digamos, contemporánea a esta clase de tonadas.

Sin embargo, hartos como estamos de tragarnos el folclore norteamericano, el rédito que uno extrae de presenciar el show de estos Hermanos Cubero tiene que ser favorable. Resultan accesibles y rigurosos a partes iguales. Y uno abandona la sala con una sonrisa. Pensando que tal vez el mundo sería mejor si el buen rollo y el candor de estos dos fuese algo generalizado.
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