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lunes, 14 de octubre de 2013




Voy descubriendo, a medida que envejezco, que todo lo que se supone que «me pasa» es lo que ya cuando era adolescente «me pasaba», pero multiplicado por un factor que aumenta en perpetua progresión aritmética.

Me sienta mal la gente. Al final, como al principio, es la puñetera gente la que me descoloca, descompensa, descompone, desbarata, desespera y sienta mal.

No soporto a nadie, o casi nadie; mi entorno circundante, con sus honrosas pero ay qué raras excepciones, me parece imbécil, gilipollas, pura filfa y sucedáneo, una pérdida atroz y surrealista de los minutos, las horas, los días, las semanas y los años de mi quién sabe si única existencia terrenal.

Nadie escucha. Nadie deja hablar. No hay quien meta una palabra ni de canto, ni aun cuando es capaz de reunir la energía necesaria para acometer la ardua y asquerosa tentativa, en esta dislocada babel del vacío lengüeteo. Es una permanente ofensiva de sofocación discursiva y gestual; un tragicómico zafarrancho de esperpéntica película de terror; un constante «aquí te pillo, aquí te mato» del más inane y vacuo blablablá.

Con regodeo. Con recochineo. Con paradójicamente puteadora sofisticación, que casi hace pensar en diabólicos procesos de adiestramiento previo: «Vas a aguantarme hasta la asfixia, hijo de puta, porque he venido aquí a largar mi rollo y no voy a soltarte hasta que me haya despachado».

miércoles, 10 de julio de 2013




Adoro a Roger Wolfe.
Su pose de escritor maldito,
de extranjero, en todos los sentidos de la palabra.
Como de otra época. Casi como un lugarteniente
en una nave comandada por Iribarren.

Poemas
como pequeñas historias.
Chistes amargos.

Lo que no soporto es esa bobada
de la "escritura total".
Es tarde ya en la noche
y la playa está desierta.
Rompe el mar
sobre las rocas.
Un aire cálido,
espeso de salitre
y de recuerdos,
me baña la cabeza.
Cierro los ojos.
Inhalo.
Me dejo llevar.
Y luego pienso,
como casi siempre
que me pasan estas cosas,
en Proust.
Pero no he leído
a Proust.
Qué importa.
La vida es bella.
Quién necesita
a Proust.



lunes, 29 de abril de 2013

Pedro Salinas
dice en un poema
que no quiere dejar de sentir
el dolor de la ausencia
de la mujer a la que ama
porque eso es lo único
que le queda de ella:
el dolor.
No recuerdo sus palabras exactas.
Él lo dice mejor que yo.
Eran otros tiempos.
Salinas está muerto.
La mujer a la que amaba también.
Pronto lo estaremos todos.
La vida es un mero parpadeo.
Abre los ojos
y ciérralos.



domingo, 28 de abril de 2013




Desayunar con Nietzsche
es relativamente fácil, sobre todo
si hace sol, la lluvia es fina
-un ligero chaparrón
traslúcido y oxigenado-
o hay cigarrillos, buen café
ninguna compañía
salvo el perro
y las periódicas noticias
del gerente
de mi banco
no me impiden deglutir.

El almuerzo, cenit
de los días, me recuerda
-abatido el asomo
de sano optimismo mañanero
por dispositivos infernales
que adoptan formas sucesivas
de teléfono, timbrazo,
zancadilla callejera,
gente puesta en fila,
el sordo ronroneo
de un PC-
que la vida
es
struggle for survival
como dijo Darwin
con toda la razón.


Y finalmente, horas más tarde,
tras el dudoso ensayo
de ascesis imposible
que a veces llamo cena,
Schopenhauer me conduce
renqueante y roto
hacia la cama,
murmurando
memorables últimas palabras
que el gran Will Shakespeare
utilizó mucho mejor que yo:


To die, to sleep-
To sleep, perchance to dream...

jueves, 25 de abril de 2013




Cada obra, cada página, cada párrafo, cada línea que he escrito, que escribo, que escribiré, es un jirón arrancado de la carne de mi vida, el reflejo de toda esta basura en movimiento, mi particular process of breaking down, es lo que soy, es lo que he sido, son las botas puestas, los cojones en la pista, saliva, enjuagaduras, blood, sweat and tears and the innermost dregs of my tortured heart, el canto y el silencio, el grito y el espasmo, la vida, Dios mío, la vida, hay que meterlo todo, lo bueno y lo malo, el llanto y el suplicio, la carcajada y la cagada y el vómito y el orgasmo, pajas mentales, masturbación emocional, la escoria y los detritos, los raros instantes de beatitud mental, la prisa y la pausa, grano y paja, la tinta fresca y los borrones, el asco, la desidia, el movimiento, sobre todo el movimiento, cómo atraparlo, cómo asirlo, todo este maldito flujo de mierda viva que se va, todo este sublime desaguisado, toda esta guerra, toda esta paz, toda esta jodida belleza, todo este odio, toda esta verborrea vacía en medio del mutismo intergaláctico, día y noche, sístole y diástole, inhalación, exhalación, el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, si cuando todo se haya dicho y se haya hecho y consumado ni la muerte que nos come el culo y los talones quedará en pie.
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