martes, 23 de junio de 2026

 Carmen Laffon se encuentra con Aleksandr Sokúrov y dice:


—Maestro Sokúrov, cuando vi _El Arca Rusa_ por primera vez pensé: “Esto es pintura, pero en movimiento”. Una sola toma, 90 minutos… es como si un cuadro del Museo del Prado hubiera aprendido a respirar.


Aleksandr Sokúrov la mira, apoya su bastón y responde despacio, con esa voz grave que tiene:


—Señora Laffon, y cuando yo veo sus bodegones de jarras blancas sobre fondo negro, pienso lo mismo: “Esto es cine, pero en silencio”. Usted detiene el tiempo sin cámara. Yo lo hago correr sin cortes. Al final buscamos la misma cosa.


Carmen sonríe y señala una jarra que ella misma pintó, la que tiene en el caballete a su lado:


—Yo quito todo lo que sobra hasta que la jarra deja de ser objeto y se vuelve luz. ¿Y usted?


Sokúrov mira la jarra, luego la ventana donde entra la luz de Sevilla:


—Yo dejo que el tiempo ensucie la escena. Que los actores respiren, que se equivoquen, que la luz cambie. Quito el montaje para que la vida entre. Usted pinta la eternidad. Yo filmo lo que se escapa.


Se hace un silencio. Ninguno de los dos habla de técnicas. Hablan de paciencia.


Carmen rompe el silencio:


—Entonces no somos tan distintos. Usted pinta con actores. Yo filmo con pinceles.


Sokúrov asiente y le tiende la mano:


—Brindemos por eso. Por el arte que no tiene prisa.


Chocan sus tazas de té. La jarra blanca sigue ahí, muda, iluminada. Como si escuchara.


*Fin*


¿Quieres que continúe el diálogo y que hablen de cómo ven el tiempo en el arte, o que lo pase a una escena completa con descripciones?

domingo, 21 de junio de 2026

Rothenberg y Nauman

Susan Rothenberg y Bruce Nauman son mi pareja favorita del mundo del arte.  Tienen algo muy difícil,  en mi opinión.  Ninguno de los dos ha fagocitado artísticamente al otro. 


Admiré mucho a Nauman,  y lo sigo admirando.  La obra de Rothenberg me ha entrado poco a poco. Yo me aficioné a la pintura que derivaba de la fotografía.  Rothenberg parecía quedar anclada en los expresionismos de los ochenta. Poco a poco se ha hecho evidente su alcance conceptual y, digamos,  metafísico. Algunos de sus dibujos y cuadros parecen una versión pictórica de las instalaciones de Nauman. Fragmentos de cuerpos de humanos o animales en disposiciones que parecen evocar extraños rituales.  Como las pirámides o ruedas de animales de Nauman. 


¿Fue Rothenberg la inductora de la obra de Nauman o, al contrario,  fue Nauman inspirador de los cuadros de su mujer? En otra época,  el hecho de que Rothenberg usara pintura al óleo quizá pareciese retrógrado o excesivamente tradicionalista.  Hoy ya da un poco igual.  Su escueta narrativa casa perfectamente con la histeria conceptual de su compañero. Flexiones y gestos geométricos. Extrañas gimnasias que parecen querer medir el espacio que las circunda. 


Mujer menuda,  no quiso adscribirse al gesto poderoso y rotundo,  de brocha gorda, de alguno de sus contemporáneos. Prefirió el pincel nervioso e insistente,  que otorga ese aspecto trémulo a sus composiciones. 


He encontrado alguna fotografía de la pareja,  pero muy poca información de su relación personal.  ¿Cómo fueron? Que se deduzca cualquier cosa de la relación complementaria de la obra que han dejado...







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