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lunes, 17 de febrero de 2014




Me enternecen sobremanera
esas parejas
de viejecitos renqueantes
que se sostienen en pie difícilmente
y sin embargo llegan cada día
puntuales a la cita
con el café con leche
y el periódico.
Miran como si en realidad
lo que suceda
nada les importase, como si todo
lo habido y por haber
se la trajese floja
a esas alturas.
Y lo único que quieren
es que mañana el bar
esté en su sitio.
Y que ellos lo vean.

lunes, 10 de febrero de 2014




Llegar al fin
hasta la puerta
de tu casa,
entrar,
echar todas las cerraduras,
y, como quien saborea
el sabor de la venganza,
decirlo:
«ahí
os quedáis,
hijosdeputa».

miércoles, 22 de enero de 2014

Ya poseemos
casi todo
lo que nos iba
a hacer felices.
Puede decirse
que lo hemos
conseguido.

Ya está.

Ahora solo
nos queda
comprobar
hasta qué punto
fuimos sinceros
con nosotros
mismos.



martes, 21 de enero de 2014




Están cogidos de la mano
en silencio,
bajo los soportales.

El niño mira su columpio,
muy triste,
bajo la lluvia,
y no lo entiende.

El padre mira al niño:
es la vida, hijo
-quisiera poder decirle-,
y no ha hecho más que empezar.

jueves, 16 de enero de 2014




Hay poetas que escriben
sus poemas
como si fuesen a pasar directamente
a las páginas amarillas
de la eternidad.
En cada verso echan el resto
y, claro, lo poco que les queda
no lo pueden echar en ningún sitio
porque les da una pájara.
La verdad es que apestan a Literatura.
Y que de allí a donde ellos entran
todo dios sale por piernas.

domingo, 12 de enero de 2014




Hay que estar preparados para lo peor
y disfrutar de lo bueno. Esa es
la fórmula. Saber que nada es duradero;
que la palabra siempre es engañosa,
falsa, equívoca; que lo que hoy nos une
eternamente, mañana será polvo, odio quizás,
historia de la mala; que la vida se venga
en la felicidad. Saber que será así,
o podrá serlo. Y vivir como si el tiempo
nos debiese algo, como si fuese nuestro,
exigiéndole al contado lo que nos pertenece.

viernes, 8 de julio de 2011



A mí lo que menos me gusta de Ernest Hemingway (un escritor al que ya le estoy dedicando demasiado tiempo) es precisamente él, su mito, su figura, sus aficiones, de las que tanto se vanagloriaba, su vida vivida como si fuera un juego, adolescente, banal y pijo. (Le gustaban, en efecto, cosas que yo detesto: empezando por los toros, el boxeo, la pesca, la caza mayor.) [La única afición que le admiro es el alcohol, los daiquiris; bueno, alguna más, las mujeres, a las que trataba como si fuera un guiñol quinceañero (pero, en fin de cuentas, tampoco yo sé tratarlas); y los libros, de los que nunca hablaba pero se sabe que bebía de las fuentes de la mejor literatura rusa del diecinueve, Chéjov, Turguénev y tal.] Yo creo que Hemingway es el último escritor que concibe la literatura como una gran aventura, si se me permite, "externa". Hemingway coloniza el mundo con su escritura; pero no el mundo interior, como harán otros, sino el mundo exterior, el de la experiencia. Hemingway quiere tener experiencia de la vida para luego escribir; pero no una experiencia cualquiera, ni siquiera una experiencia perversa o sofisticada, sino que quiere que su vida sea algo excitante, ardiente, frenético y total, como en las antiguas novelas de aventuras. Sus personajes se le parecen, pero no son precisamente él, sino lo que él hubiese querido ser en el marco inestable de la aventura y de acuerdo con su propia experiencia. A mí lo que me engancha de Hemingway es ese modo apasionado de ver las cosas que se trasluce en sus libros; ese ir de aquí para allá sin pararse a pensar mucho, como si de ello se pudiera deducir una terrible certeza: que pararse a pensar no sirve de nada y que, puestos a exprimir el tiempo, mejor no parar, mejor permanecer siempre en movimiento. Precisamente esto que digo, que para mí es lo mejor que tiene este escritor, es lo que, a mi modo de ver, le hace caer en lo peor. Parece que se hubiese dejado arrastrar por lo más fácil y lo más banal que le aportan su tiempo y estatus social. No es siempre así, por supuesto; vivió una guerra mundial y escribió muy bien sobre ella, se trasladó a París y estuvo en contacto con la bohemia, conoció a los mejores artistas de su tiempo y coleccionó arte, cuando coleccionar arte era un poco menos especulativo de lo que es ahora. Yo creo que estoy enganchado a Hemingway porque me fascinan todos estos contrastes. Y me fascina que todo ello lo supiese sintetizar, como escritor, en un estilo simple y limpio, seco y viril, germen de la literatura de muchos otros escritores, muchos muy malos y algunos muy buenos, que me han interesado alguna vez y/o me siguen interesando. De algún modo aquel personaje que hoy nos parece un poco ridículo consiguió ser el origen de algo, sentar las bases de un tipo de literatura. Si la literatura es actitud, Hemingway inicia con su actitud cierto espíritu literario norteamericano. No en vano se hacía llamar Papá.
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