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martes, 16 de agosto de 2022

En la discomóvil

Estar un tiempo no conectado, al menos, o conectado a medias, de manera intermitente, en aquel pueblo de montaña. Desaparecer, no contestar, mirar el teléfono como si fuera una cosa inútil, de otro tiempo, en otra dinámica. Y en las fiestas del pueblo, entregarse a una discomóvil, clásicos ochenteros y reggaeton. Los más jóvenes, en las zonas oscuras del campo de deportes. Los niños, saltando y bailando de un modo alocado. Alguien me señala a una mujer cercana a nosotros, la única persona que allí hay con una mascarilla en la cara. Una nostálgica, dice alguien irónicamente. 

sábado, 30 de abril de 2022

Tipos de mascarilla

El segundo día de clase en que todo el mundo podía acceder sin mascarilla, después de dos años, un alumno se me acerca, tosiendo, y me dice: Me encuentro mal, creo que tengo covid. Joder, pienso, ya empezamos con la broma. Un compañero suyo, unos metros más allá, se reía y le acusaba: ¡Tiene covid, tiene covid!... Como ya era la última hora y la cosa no parecía ir en serio le dije que No importa, aguanta un rato y esta tarde que te lleven al médico. Al día siguiente, recibo una llamada telefónica de una compañera, un poco alterada, diciendo que ese alumno había venido a clase con una mascarilla puesta. Probablemente era el único alumno del centro que ese día había venido con mascarilla. La profesora, extrañada, le había preguntado por qué llevaba la mascarilla puesta. Y el alumno le había contestado que la llevaba puesta porque está enfermo de covid y, como no tiene fiebre, el médico le había dicho que podía venir si llevaba la mascarilla. Creo que es así, le digo a mi compañera. Está siguiendo el nuevo protocolo. Sí, dice ella, pero llevaba una mascarilla quirúrgica, ¡y debería llevar una FFP2! 

sábado, 16 de abril de 2022

Móviles y mascarillas

En China se están produciendo restricciones salvajes. Los chinos están matando los animales de compañía de las personas infectadas, cuando en el resto del mundo se anuncia el final de la pandemia. Qué saben los chinos que los demás no saben. De momento, mientras esperamos el anuncio del fin total del uso de mascarillas en espacios públicos, viajamos en avión ataviados con estas prendas deliciosas azul celeste. Tres horas junto a decenas de personas en una situación que hace meses se consideraría un peligro para la salud colectiva. Qué ha cambiado. Qué habrá cambiado realmente. Tratamos de dormir y luego, algunos, ya despiertos, nos procuramos diversiones portátiles de diferente forma. A mi alrededor, dos chicas de poco más de veinte años se disponen a ver un capítulo de algún serial televisivo en la pantalla de un teléfono móvil. Dos filas más abajo, junto al pasillo, un tipo juega a un, para mí extraño, juego de rol en la pantalla de un teléfono móvil. Un adolescente junto a mí elige jugar a un videojuego en la pantalla de su teléfono móvil. Detrás de mí, un hombre viejo lee, como yo, un libro. Un libro de papel, con sus tapas de cartón, su perfecto diseño cuadrangular, sus letritas distribuidas por sus páginas sobre fondo blanco. Trato de averiguar el título, pero no lo consigo y no pretendo ser indiscreto. Siento un poderoso hermanamiento con ese viejo que lee. 

sábado, 12 de marzo de 2022

Guerra nuclear

En un ascensor de buena mañana. Un padre y su hija bajando raudos desde los pisos más altos. Os he llamado sin querer, ¿puedo entrar? Una de las taras pandémicas que quizá se nos quede probablemente sea el miedo a compartir espacios cerrados. La hija lleva una mascarilla de colegiala, con divertidos estampados; el padre no lleva. Hace como que busca en los bolsillos, Me la he dejado, dice. No importa, tengo prisa, ya llego tarde. Al fin y al cabo, añade el padre, después de Pascua nos las van a quitar. Ya nadie se acuerda del coronavirus, dice, con lo de Rusia y la amenaza nuclear. Procuro empatizar con la idea de fondo: Sí, vamos quemando etapas. 

miércoles, 16 de febrero de 2022

El rostro al descubierto de la chica ciega

Hace meses íbamos andando, camino de alguna parte. Silvina se había adelantado con uno de los niños. Yo iba rezagado. De pronto, ella vino hacia mí algo nerviosa. Me dijo que no entendía lo que le había pasado. Una chica la había abordado. Quería cogerle la mano para cruzar la calle. Quizá es ciega, dije. No parece que tenga problemas de vista, dijo Silvina, un poco contrariada. La chica se había quedado en una acera, mirando alrededor, como si esperara a alguien. Es ésa, dijo Silvina. Nos acercamos a la chica y conmigo sucedió lo mismo. La chica me dijo si podía cogerme la mano para cruzar. Le di la mano. Silvina se disculpó, antes no la había entendido. Le dijimos si necesitaba que la acompañáramos hasta alguna parte. La chica se negó y siguió caminando ella sola, pegada a la fachada de los edificios. Desde entonces, me encuentro a esa chica bastante a menudo. Siempre en la misma calle, en la misma posición, esperando que se le acerque alguien para cruzar la calle. Yo diría que siempre me cruzo con ella el mismo día de la semana, a la misma hora. De alguna manera, ha de recorrer el mismo tramo ese día a esa hora. Y ha de hacerlo ella sola. Seguramente se sabe el trayecto de memoria y se para en el mismo punto, ante la amenaza del tráfico automovilístico. Hoy, por primera vez, no llevaba una mascarilla cubriéndole el rostro. Ver por primera vez su rostro me ha sorprendido. No suele pasarme. Generalmente no me sorprende ver por primera vez a alguien sin mascarilla. Suelo imaginar la parte del rostro cubierta con una mascarilla con notable habilidad. Aunque se trate de alguien cuyo rostro no haya visto previamente de otra manera. De pronto se descubren la cara y son más o menos como yo los había imaginado. 

sábado, 12 de febrero de 2022

El final de la mascarilla

Han instalado relojes en las aulas. Para que los profesores no consultemos la hora en nuestros móviles y no demos mal ejemplo. El problema es que los alumnos no saben leer la hora según la posición de las barillas del reloj. Algunos se niegan a aprender porque ésos son relojes de viejos. Entre viejos y jóvenes anda la cosa. De momento, el teléfono móvil impera en las aulas, como fuera de ellas. Yo lo llevo en el bolsillo izquierdo. Noto una pequeña vibración cada vez que recibo un correo o un mensaje. Esta vez era un mensaje de dirección; lo leí delante de los alumnos, sin ningún pudor. He de deciros algo. A partir de mañana, en tiempo de patio, en el exterior, no estaréis obligados a llevar mascarilla. 

lunes, 7 de febrero de 2022

Apocalipsis

Un compañero de trabajo me ha recomendado un serial televisivo sobre una ficción apocalíptica. Una gripe mortal provoca la extinción de gran parte de la humanidad. ¿No hemos tenido suficiente? En clase, los alumnos de bachillerato tienen un examen de lengua castellana. Para la prueba, han de aprenderse el significado de una serie de vocablos. Entre ellos, el adjetivo "apocalíptico". Vamos a intentar abstraernos, les cuento. Intentaremos dibujar por un punto A una recta perpendicular a la recta r, según sus vistas diédricas. No es fácil cuando no se cumple el "Teorema de las tres perpendiculares". En el serial, en plena pandemia mortal, nadie lleva una mísera mascarilla. Cuando mis alumnos salen del aula, camino de su examen de lengua castellana, les digo que: Vivimos en un tiempo apocalíptico. Me producen una cierta ternura con su actitud solícita hacia los estudios de secundaria. 

martes, 28 de diciembre de 2021

Besarse con mascarilla

La tía Carmela dejó un mensaje en el grupo de la familia diciendo que preferían anular la comida, pues la incidencia había subido demasiado y ella y el tío Jorge aún no habían recibido la tercera dosis. Por el otro lado no hubo tanta ansiedad. Así que asistimos como todos los años a una comida protocolaria, esta vez en un lugar público, una sala de fiestas donde a menudo se celebran bodas y bautizos. Amplios ventanales y distancia entre las mesas. Y una norma que, como en un juego, nos obligaba a ponernos las mascarillas cada vez que nos levantábamos de la mesa, ya sea para ir a orinar o para cualquier otra cosa. La tía Reme acudió sola. Poco sabemos de ella. De vez en cuando manda fotos de las cosas que cocina. Qué guapos y qué altos están los niños. Que si patatín, que si patatán. Al irnos, todos nos levantamos sin distanciarnos demasiado de la mesa, para abrazarnos y besarnos sin mascarilla, al fin y al cabo habíamos compartido el aire contaminado por nuestros gérmenes durante la comida. Sin embargo, cuando llegué a saludar a la tía Reme, ella sí se había puesto la mascarilla. Tuve que besarle la cara a través de la tela, templada ya por el aliento. 

lunes, 11 de octubre de 2021

La hiena y la morsa

Como una morsa, grande y canosa. Avanza por el pasillo con la sonrisa asustada, la mascarilla de medio lado. El otro, que se dice compañero, se burla de él, con superioridad; como una hiena que acecha dispuesta a morder carne muerta. ¿Cuánto te queda? ¿Un año? Y cuánto te ha aguantado, pienso, mientras observo la escena. Como animales salvajes. Depredadores. Depredados. 

lunes, 4 de octubre de 2021

El amor sin amor

Porque siendo lunes ya estoy agotado de la semana. Nos la sabemos de memoria. Alguien nos lo ha advertido: hay que salir de aquí. Encogidos como criaturas siendo devoradas. Devorando, cada día se hacen más evidentes las metáforas animales. Liebres comiendo lechuga como posesas, leonas saltándoles al cuello a las jirafas, serpientes comiendo ratones con parsimonia, hienas mordiendo las patas de las leonas. La maldad como un festival absurdo. Divertido y aburrido a partes iguales. Mi cuerpo drogado sucumbiendo en el tiempo, en los años, en el envejecimiento. Mientras algunos, o algunas, alcanzan la jubilación. 

domingo, 18 de julio de 2021

Confinado

D no puede salir de la habitación. Ha estado en contacto con un positivo. Nos hemos venido a casa, él y yo. Como un juego; no puedes pasar de aquí. Yo te sirvo. Te hago la comida. Te proporciono todo lo que te hace falta. No te preocupes, solamente serán unos días. Hagamos gimnasia juntos, separados por la barrera invisible de esa puerta que tú no puedes atravesar. En el control parental, batimos récords. Diez horas de videojuegos. Cada vez que yo tenga que entrar nos ponemos las mascarillas. 

viernes, 11 de junio de 2021

En la calle, en el coche

En la calle se discute como norma. En la intimidad del coche le he encontrado un sitio a mi mascarilla, para cuando me la quito. Con la llegada del calor, la mascarilla me produce náuseas. Cuando la noto sobre la cara empapada en sudor. Entonces, llego al coche y me la quito. Y la cuelgo de la manecilla que activa el limpiaparabrisas. Y con la llave de contacto la mascarilla queda atrapada. Hasta que aparco el coche y me la vuelvo a poner en la cara, soportando las náuseas. 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Anodino

Lo banal

lo anodino

lo sin importancia

lo que sucede y pasa

desapercibido. 

¡Cómo llena lo anodino! 

Tiene sus grietas

también

sus dobles sentidos

su simbología. 

Da pie a todas

las interpretaciones posibles

que tienen y tendrán

nuestras vidas. 


domingo, 23 de mayo de 2021

El ciudadano

El lío de las vacunas nos tiene desconcertados. L pregunta, un poco ingenua, ¿Entonces, tiene que decidir el ciudadano? Podríamos tomárnoslo a broma. Una broma de consecuencias imprevisibles. A veces, me maravilla que todos nos pongamos de acuerdo para caminar por las aceras o parar en los semáforos. 

miércoles, 5 de mayo de 2021

Día de la madre

Ahí las tres rosas que compramos en un chino por el día de la madre. Sobresalen las flores en el recipiente transparente, que deja ver la parte verde sumergida en agua, hojas, tallos. Ya se están marchitando. Y esta tarde, a la salida de las clases de atletismo, nos damos cuenta de que los niños llevan todo este tiempo haciendo deporte con las mascarillas puestas. ¡Con las mascarillas! 

martes, 13 de abril de 2021

Tardeo

Salimos los niños y yo y nos cruzamos, a pleno sol, con tres jóvenes bebiendo en la calle. Borrachos, con esa actitud de compadreo que tienen los borrachos cuando son jóvenes o los jóvenes cuando se emborrachan. Huelga decir que sólo uno de los tres llevaba una mascarilla, pero en la barbilla, como si fuera un adorno. Lo comenté en casa, semiindignado, y hablamos de esta nueva costumbre, el tardeo, y de los cambios a los que obliga la pandemia y sus restricciones. Estos jóvenes ya no se entregan a la noche y sus misterios, al misticismo nocturno, donde todo se disimula, todo se camufla. Ahora, al contrario, todo es posible a pleno día, sin intersticios u ocultamientos. La policía recogiendo a uno caído en la acera, otro que orina en el portal con la verga roja como la remolacha, una escaramuza, huyendo de algo, una pelea. Es la época de la transparencia, de la luz, del no esconderse. Qué pasa. No pasa nada. Y yo miro a estos dos y me entra una especie de vértigo. Para el caso, también yo he cambiado de costumbres: apenas duermo de noche, de noche hago como que duermo, con disimulo. Tan sólo me coge el sueño al mediodía. Dos, tres horas, con eso me basta. 

lunes, 29 de marzo de 2021

AstraZéneca

Una piara de cerdos se aproxima a una puerta mientras una voz dice ¡A vacunarse! Cuando los cerdos están a punto de llegar a la salida, o la entrada, según se mire, la voz exclama ¡AstraZéneca!; y los cerdos huyen, espantados. Como en el meme, los profesores acudimos a un hospital de campaña a vacunarnos. El conseller había efectuado su llamada a través de las redes sociales, como la voz del meme. Todos seguíamos instrucciones, protocolos, monsergas. Algunos se hacían fotos, risueños. La vacunación seguía un recorrido a través de las naves del hospital de campaña. En la última parte del recorrido, los ya vacunados esperábamos sentados en una amplia sala, previa a abandonar el recinto. A pocos metros de nosotros, un hombre joven empieza a convulsionar y se desploma. ¡AstraZéneca! Salimos espantados. 

domingo, 14 de marzo de 2021

Porno

Vamos a hablar sobre sexo. No te queremos acusar de nada ni condicionarte. Esta conversación ha de ser natural como la vida misma. Te hemos pillado viendo porno en la táblet. ¿Llevabas la mascarilla puesta? Es muy importante ponerse la mascarilla al salir a la calle. 

lunes, 1 de marzo de 2021

Jawlensky

Te llegan las noticias. No hace falta comprarlas. Los algoritmos te traen a casa las noticias. Las que saben que te interesan, para que te vayas a dormir informado. Una exposición de Jawlensky en una lejana ciudad. Jawlensky es el perfecto cruce entre Klee y Matisse. Me voy a YouTube a ver qué se dice en YouTube sobre Jawlensky; a informarme más. Imagino a un algoritmo tomando nota de esta reciente búsqueda mía en YouTube. La comisaria de la exposición habla a cámara explicando a Jawlensky. Lleva mascarilla esa comisaria, aunque parece deambular sola por las salas donde cuelgan los cuadros. Hay un solo comentario al vídeo. Alguien dice: "Lástima que no se quitó el tapabocas... ¿Habría riesgo de contagio proveniente de la obra?" Nunca sabes la verdadera intención de esta clase de comentarios. Como chiste, funciona. 

domingo, 21 de febrero de 2021

Partido de baloncesto

Me estaba pelando de frío en el patio de casa, sentado en un banco. Me rebelé momentáneamente en contra de la atracción del teléfono móvil; y me dediqué a observarlos a ellos. Cuatro niños jugando con una pelota debajo de una canasta. Me preguntaba cómo mi hijo D había aprendido a jugar así a baloncesto. Había una maravillosa armonía en ellos. Rota por esas abominables mascarillas que no les dejan respirar. 
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