La luz cada vez más dura,
más impura. La luz que vacía
y ciega, convertida en locura
y aluminio, acá
donde en el opulento barullo
del mercado, la ciudad
escupe al rostro su Orgullo
y su Desmesura.
lunes, 4 de febrero de 2013
Lo han quemado todo.
La Iglesia. La Escuela.
El Ayuntamiento.
Todo.
Hasta la hierba.
Incluso,
junto con el cementerio, el humo
tierno de la chimenea
del horno.
Indemne,
amanece sola la arena
y el agua: el agua que hace temblar
mi voz, y refleja
la desolación de un grito
sin origen.
La gente
no sabes ya dónde está.
Quemada hasta la taberna.
Hasta el autocar.
Todo.
No queda ni tan siquiera el luto,
ni el gris, para esperar la solitaria
(inexistente) palabra.