lunes, 5 de agosto de 2019

(Acerca de Tsitsipas, Coelho y el destino)





Quizá Tsitsi también quiso emular a Rogelio en eso, al perder un partido después de haber tenido "match-ball" a favor. Ahora ya sabe cómo se siente el maestro.

Y ya puede volver tranquilamente al surf y a la lectura de Paulo Coelho, a ver si le autoayuda.


(...)


Tsitsipas no debería permitirse perder contra Kyrgios. Quizá el dobles que jugaron juntos y el colegueo mostrado le han perjudicado. El griego es demasiado ingenuo (Coelho), de momento. Debería centrarse y ser más ambicioso.

(El mismo comentario, con diferente enfoque. Quizá lo prefieras así.)


(...)


Aguantar las payasadas de Kyrgios, de sobras conocidas por todos, va con el sueldo. Opino que Tsitsi no debería haber dejado escapar el partido.


(...)


Creo que eres fan de Rogelio, como yo. Y creo que te gusta Tsitsi porque lo ves como el perfecto relevo del tenista suizo. Al igual que yo.

A partir de ahora, en el momento en que está el griego, podrían suceder cuatro cosas:

Una. Que Tsitsi se convierta en un número uno duradero, a la altura de Rogelio, ganando quince o más torneos "grandes". Es posible, pero poco probable que esto suceda.

Dos. Que sea un gran jugador "medio", estilo Murray o Wawrinka; llegando a ganar cuatro o cinco Grand Slams. Quizá a esto es a lo que apunta, hoy por hoy. No me parecería mal.

Tres. Que sea un buen jugador, muy longevo, pero no llegue a ganar nunca un Grand Slam. Estilo Corretja, o Miloslav Mecir, yo qué sé. Sería una pena.

Cuatro. Que tras un par de temporadas creando muchas expectativas, se hunda por debajo de los puestos cuarenta o cincuenta del ránking; y nadie se explique qué fue de él, de aquí a unos años. Al igual que le está sucediendo, se me ocurre, a otro tenista que parecía destinado a hacer grandes cosas; Grigor Dimitrov. Sería terrible, en mi opinión.

Yo todavía estoy en la primera opción. Y quizá mi comentario anterior sea demasiado duro. Perder contra Kyrgios no debería ser deshonroso; teniendo en cuenta que Kyrgios ha ganado a los miembros ilustres del Bigtrí. Pero sigo pensando que Tsitsi no debería dejarse sorprender (si pretende ser el gran tenista que promete). El juego de Kyrgios sorprende a jugadores más "consistentes" o defensivos. A Rogelio no le hace tanto daño como a Nadal, por ejemplo. Pues Rogelio juega a lo mismo que Kyrgios, pero lo hace mejor, con más determinación y más cabeza. De Tsitsi uno hubiera esperado lo mismo.

En definitiva, si queremos a Tsitsi en la opción uno o dos, debería ya empezar a consolidarse en las citas medianas (como el torneo que nos ocupa), y revertir cuanto antes el hecho de que siempre que se encuentra con jugadores como Aliassime, o Medvedev, pierda el partido.

Otra cosa distinta es su afición a Paulo Coelho, que tampoco entiendo.

jueves, 25 de julio de 2019

(Acerca de Kyrgios y el punk rock)

Uno de los jugadores más deliciosos de todos los tiempos, a la hora de ver tenis, en mi opinión, era John McEnroe. Tenia un tenis de una gran pureza plástica; que todavía conserva, mermada su mítica agilidad felina, en los torneos de veteranos. McEnroe saltó al ruedo tenístico casi al mismo tiempo que la eclosión del punk. Y tuvo cierto paralelismo con aquel movimiento cultural, en cuanto a provocación de las mentes bienpensantes y renovación de las costumbres. Podía llegar a ser muy contestón y muy maleducado, como todos sabemos, sin que por ello se resintiese su capacidad de concentración y la calidad de su tenis. Al contrario; se decía que sus habituales pataletas eran su particular forma de concentrarse. Todo esto unido a una solvencia que le llevó a la cima del tenis mundial.

Siempre ha habido "enfants terribles". Antes de McEnroe estuvo Nastase. Eran tenistas superintuitivos; capaces de lo más excelso y acto seguido fallar estrepitosamente. Pero ambos, aun pudiendo hacer más, alcanzaron cotas importantes en el contexto del tenis de sus épocas.

El problema de Kyrgios es que ha focalizado la atención, sin resultados. Y no sé yo si se puede reclamar el título de gran enfant terrible del tenis mundial desde el puesto treinta o cuarenta o cincuenta, con poco más que un puñado de victorias sobre los mejores jugadores -meritorias, por otro lado-, y siendo incapaz de llegar a las rondas finales de torneos importantes.



martes, 16 de julio de 2019







(Acerca de Rogelio y el pintor Velázquez)




Mi pintor favorito es Velázquez. Creo que Velázquez, en algunos cuadros, obtuvo cotas que nadie ha alcanzado en la pintura. Quizá seguido de cerca por Vermeer. No obstante, cuando uno observa un cuadro de Velázquez, parece que está hecho con una gran velocidad; como si, al pintarlo, hubiera sido guiado por una voluntad ajena, sin pensar lo que hace. Velázquez pintó como nadie en su época. Se dice que pintaba directamente sobre el lienzo, sin abocetar, sin dibujo previo.

Esta cualidad, extraordinaria, no está exenta de torpezas. De Velázquez son famosos sus "arrepentimientos". Correcciones sobre el cuadro ya acabado (acortando un brazo o alargando una pierna, para favorecer la composición general). Con el paso del tiempo y la oxidación del aceite, los arrepentimientos salen a la superficie del cuadro. Algunos cuadros de Velázquez se pueden ver ahora con sus imprecisiones, sus tachaduras, sus correcciones. Quizá esto no hubiera ocurrido si Velázquez hubiese pintado más sobre seguro, más lentamente, previendo situaciones, buscando la precisión en lugar de la soltura y la inspiración.

A mi me gustan los arrepentimientos de Velázquez. Zurbarán es más exacto, pero a veces parece un pintor encorsetado. Vermeer es más sensitivo, pero ni rastro de la amplia pincelada velazqueña.

A mí me gusta comparar, salvando distancias, al pintor Velázquez con Rogelio. Rogelio juega con extraordinaria soltura, con una facilidad pasmosa, única. Cuando juega bien, se desplaza sobre la pista con una rapidez infinita, como siguiendo los dictados de una intuición diabólica. Rogelio "crea" jugadas de gran belleza, siempre, en cada partido. ¿Vamos a poder perdonarle sus "arrepentimientos", sus errores sobre la marcha, su falta de previsibilidad? Con el tiempo, sin duda, seremos conscientes del regalo que supone su tenis; de que, cuando juega bien, alcanza cotas de inspiración y belleza que deberían servirnos a TODOS los aficionados de este deporte.

¿Es Velázquez el mejor pintor de todos los tiempos? La discusión se torna banal. Pintó poco. Ni siquiera se sentía orgulloso de su trabajo como pintor de corte.

Yo ya estoy empezando a perdonar a Rogelio por lo sucedido el domingo. Tres tie breaks y dos match points perdidos. No obstante, la gesta -llegar a la final, plantarle cara a un número uno seis años más joven- fue magnífica; con sus debilidades, con sus títubeos y momentos clave desperdiciados. (Lo dije anteriormente: en momentos de tensión, cuando el partido está igualado, es mucho más difícil desplegar un tenis creativo que aferrarse a una rutina, un automatismo ensayado cientos de veces).

Me quedo con la belleza del perdedor, con la gesta del que busca poner en práctica un tenis sublime, a pesar de sus errores.


viernes, 5 de julio de 2019













(Acerca Kyrgios y Nadal)

Ayer, en torno a la mesa de un restaurante transilvano, unos amigos ancianos discutíamos sobre esta tendencia poderosamente actual y nefasta del culto al cuerpo. Los tataranietos de uno de mis amigos son culturistas; para ellos, esculpir sus perfectos cuerpos es casi lo más importante en la vida. Comer lo que les dictan los nutricionistas, emplear dos o tres horas de su tiempo ejercitando la musculatura. Me acordaba yo del título de un libro cuyo autor no recuerdo: "De la inteligencia y el placer". Y lanzaba yo un interrogante en la conversación que no pareció entenderse: ¿Y el placer?

¿Qué actitud es más inteligente, la que persigue la perfección del cuerpo o la que quiere proporcionarse el placer de los sentidos?

Al mismo tiempo, argumenté que lo importante para nosotros, los vampiros, no es tanto la belleza muscular perfecta sino las deformidades, sobre todo si se trata de pequeñas deformidades que se conjugan con otras características que nos convierten a los seres humanos -vampirizados o no- en seres singulares. Como "esa característica curvatura" de la espalda de Kyrgios. O esa ya característica falta de cabello en la cabeza de Nadal.

Esas dos características se enfrentaron ayer como si se estuvieran enfrentando el Yin y el Yang. El bufón cheperudo contra el terminátor alopécico. El desorden contra la rutina bien adiestrada. El no entrenar contra el sobreentrenar. El desprecio a la victoria contra la costumbre de ganar a toda costa. ¿Dónde está ahí la lección? ¿Va a cambiar algo en la actitud de Kyrgios por el simple hecho de caer derrotado por su antítesis? Si algo ha dejado claro Kyrgios más allá de toda esta catarata de defectos que suele exhibir es que no envidia a nadie. Y mucho menos a Nadal.

sábado, 13 de abril de 2019

(Acerca de jugar lesionado)

Llega un alumno millonetis -al papá del cual le cuesta cada sesión con tiíto Toni unos cuatrocientos o quinientos euros (más que una copiosa comida en el restaurante más lujoso de Mallorca)-... Llega ese alumno con muletas y un parte médico para justificar una lesioncita que el nene se ha hecho haciendo cabriolas con una moto acuática en Cala Rajada.

Dice el alumno: ¿Puedo llamarle a usted tiíto Toni?

Dice tiíto Toni: Serán doscientos euros más.

Dice el alumno: No importa. Los va a pagar mi papá.

Dice tiíto Toni: Okey, a partir de ahora soy tiíto tuyo.

Dice el alumno: No puedo jugar hoy, tiíto. Tengo un esguince en cada pierna.

Dice tiíto Toni: Para empezar, estás cogiendo la raqueta con la mano equivocada. Si quieres que yo te entrene has de coger la raqueta con la mano izquierda. En esta académia no queremos diestros.

Dice el alumno: Si mi papá te paga tres mil más, ¿puedo jugar con la derecha? Es que con la izquierda se me cae la raqueta.

Dice tiíto Toni: Bueno, vaaale. Por tres mil más puedes jugar con la derecha. Pero el revés a dos manos; de lo contrario te cobraré un extra.

Dice el alumno: No hay problema. Revés a dos manos, como Djokovic. Pero hoy no jugaré. No puedo ni moverme.

Dice tiíto Toni: ¿Cómo dices? ¿Tú sabes dónde te has metido? ¡Mira a tu alrededor! Aquí las lesiones no cuentan. Son un acicate. Las lesiones te llevarán a ganar Roland Garros. Nuestra máxima reza: "No siento las piernas, pero puedo empuñar una raqueta".

De pronto, el alumno mira alrededor. Un ejército de tullidos corretea por las pistas de la academia. Mientras corren y saltan, cantan, exaltados: "El dolor no existe, la gloria es eterna."

Dice tiíto Toni: ¿Nunca te he hablado de Rafel? ¿De cómo ganó un Máster Mil con los ligamentos rotos? ¿De cómo jugó una semana un Grand Slam con el metatarsiano partido en tres trozos?

El alumno coge el Aifón de última generación y llama a su papá: Lo dejo, papá. Vámonos mejor con Boris Becker. Ése sí que sabe vivir.
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.