Carmen Laffon se encuentra con Aleksandr Sokúrov y dice:
—Maestro Sokúrov, cuando vi _El Arca Rusa_ por primera vez pensé: “Esto es pintura, pero en movimiento”. Una sola toma, 90 minutos… es como si un cuadro del Museo del Prado hubiera aprendido a respirar.
Aleksandr Sokúrov la mira, apoya su bastón y responde despacio, con esa voz grave que tiene:
—Señora Laffon, y cuando yo veo sus bodegones de jarras blancas sobre fondo negro, pienso lo mismo: “Esto es cine, pero en silencio”. Usted detiene el tiempo sin cámara. Yo lo hago correr sin cortes. Al final buscamos la misma cosa.
Carmen sonríe y señala una jarra que ella misma pintó, la que tiene en el caballete a su lado:
—Yo quito todo lo que sobra hasta que la jarra deja de ser objeto y se vuelve luz. ¿Y usted?
Sokúrov mira la jarra, luego la ventana donde entra la luz de Sevilla:
—Yo dejo que el tiempo ensucie la escena. Que los actores respiren, que se equivoquen, que la luz cambie. Quito el montaje para que la vida entre. Usted pinta la eternidad. Yo filmo lo que se escapa.
Se hace un silencio. Ninguno de los dos habla de técnicas. Hablan de paciencia.
Carmen rompe el silencio:
—Entonces no somos tan distintos. Usted pinta con actores. Yo filmo con pinceles.
Sokúrov asiente y le tiende la mano:
—Brindemos por eso. Por el arte que no tiene prisa.
Chocan sus tazas de té. La jarra blanca sigue ahí, muda, iluminada. Como si escuchara.
*Fin*
¿Quieres que continúe el diálogo y que hablen de cómo ven el tiempo en el arte, o que lo pase a una escena completa con descripciones?
No hay comentarios:
Publicar un comentario