lunes, 14 de julio de 2014

Catorce de julio

La bolsa de trabajo semiabierta
Dejada caer sobre el sofá

Comer los restos de la cena
De ayer

Ver televisión

Enviar un mensaje

sábado, 12 de julio de 2014

Doce de julio

Escribir doce de julio

Comer helado: vainilla, nata
Y chocolate

Leer aforismos de Iribarren

Hojear un libro de Ramón
Buenaventura

Ordenar trastos

viernes, 11 de julio de 2014

Once de julio

Cerveza, aceitunas
Pepinillos agridulces
Y queso de cabra

Quitarse ropa y los zapatos
Y sentarse a ver una película antigua















T-Bone Burnett pasó de tocar en La Trinca a confeccionar un rock-blues de alta graduación. Nada que ver. T-Bone, T-Bone. Este nombre es una textura, un sabor, una actitud.

Estuvimos en el concierto que dio Matt Ward en Valencia, no hace mucho. Coincidimos con un amigo mío, compañero de trabajo, al que hacía tiempo que no veía. El concierto de Ward fue impecable. Lo comentamos. Nada que objetar. A Ward le sobran canciones. Le falta, si acaso, "presencia", "actitud". Ward se conoce todos los trucos del oficio, sabe imitar todas las voces, todos los sonidos. Es un virtuoso del rock añejo. Una especie de Mozart de la música popular norteamericana. Todo un empollón.

Estos días estoy escuchando Low Country Blues, de Gregg Allman bajo la batuta de T-Bone. Uno escucha a Allman, sin verlo en directo, por supuesto, y destila todo lo que le falta a Matt Ward. Probablemente, el disco de Allman, a estas alturas, no tendría el mismo poso, la misma riqueza de sonido, si no estuviera detrás T-Bone Burnett. T-Bone lo impregna todo, todo lo mancha, todo lo ensucia, como si fuera inevitable. Matt Ward hace un rock deliberadamente envejecido, como una opción estética, como un acabado. Lo de Ward es puro ornamento. Allman y T-Bone no tienen otra opción. En su música se decanta de manera ineludible toda su experiencia, su vida, toda su sabiduría. No hay prisa. Parece que no tengan expectativas. Que hagan, sencillamente, lo que tienen que hacer.

En definitiva, en la música de Matt Ward, y otros como él, hay mucho de, digamos, cinismo moderno. Recuerdo haber leído una entrevista al escritor Onetti en la que dice que, según él, hay dos tipos de escritores: los que por encima de todo quieren ser escritores y los que, sencillamente, lo único que pretenden es seguir escribiendo. Si hablamos de tonadilleros populares norteamericanos, Matt Ward sería de los que, fundamentalmente, quieren ser músicos y, tal vez, Allman y T-Bone serían de los que, sencillamente, quieren seguir haciendo música.

jueves, 10 de julio de 2014

Diez de julio

Escribir diez de julio

Aparcar en dos maniobras: una y dos

No das señales de vida, dice ella

Doy señales de vida

Escribo ahora voy, esperadme

Acude al parque, dice

Espero en el coche, por el fresquito
Y la música

Que si patatín, que si patatán
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