viernes, 12 de agosto de 2016




Crucé con paso recto la plaza
la cabeza rapada
para buscar mejor el sol
pero en la estación de la locura
viendo a través de las rejas
a las cabras de expresión fría, me desvíe
cuando vi mi ideal en un papel blanco
como un terreno salino y con cal
me agaché
creyendo que había encontrado
la única forma de expresar la verdad
como un pescado a las brasas, que sueña con el mar
¡viva! grité una vez, carajo
de golpe me creció la barba
enredada como un sinfín de siglos
no me quedó más que combatir contra la historia
y emparentarme con los ídolos
a punta de cuchillo
para no afrontar ese mundo
fragmentado como ojo de mosca
entre libros que se peleaban sin tregua
compartimos tranquilos las monedas
de la reventa de las estrellas
de la noche a la mañana perdí la apuesta
y volví otra vez desnudo a la tierra
encender un cigarrillo silencioso
fue un disparo mortal contra la medianoche
cuando el cielo y la tierra intercambiaron lugares
me colgaron al revés
de un árbol decrépito, como un estropajo
que mira a la lejanía



A ti, que nacerás dentro de un siglo,
cuando de respirar yo haya dejado,
de las entrañas mismas de un condenado a muerte,
con mi mano te escribo.

¡Amigo, no me busques! ¡Los tiempos han cambiado
y ya no me recuerdan ni los viejos!
¡No alcanzo con la boca las aguas del Leteo!
Extiendo las dos manos.

Tus ojos: dos hogueras,
ardiendo en mi sepulcro -el infierno-
y mirando a la de las manos inmóviles,
la que murió hace un siglo.

En mis manos -un puñado de polvo-
mis versos. Adivino que en el viento
buscarás mi casa natal.
O mi casa mortuoria.

Orgullo: cómo miras a las mujeres,
las vivas, las felices; yo capto las palabras:
"¡Impostoras! ¡Ya todas estáis muertas!
Sólo ella está viva.

Igual que un voluntario que le ha servido,
conozco sus anillos y todos sus secretos.
¡Ladronas de los muertos!
¡De ella son los anillos!"

¡Mis anillos! Me pesa,
hoy me arrepiento
de haberlos regalado sin medida.
¡No supe esperarte!

También me da tristeza que esta tarde
tras el sol se haya perdido tanto tiempo
y he ido yo a tu encuentro,
dentro de un siglo.

Apuesto -dice él- que vas a maldecir
a todos mis amigos en sus oscuras tumbas.
¡Todos la celebraban! Pero un vestido rosa
nadie le ofreció.

¿Quién era generoso? Yo no: soy egoísta.
No oculto mi interés si no me matas.
A todos les pedía cartas,
para por las noches besarlas.

¿Decirlo? ¡Lo diré! El no-ser es un tópico.
Y ahora, para mí, eres ardiente huésped.
Les negarás la gracia a todas las amantes
para amar a la que hoy es sólo huesos.
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