lunes, 11 de mayo de 2015




Karl Ove Knausgärd ahora dice que le cuesta mirarse al espejo. Después de más de tres mil paginas de rascarse y rascarse frente al espejo de su autobiografía. A partir del segundo tomo, dada la repercusión de los dos primeros libros, dejó de leer y escuchar lo que de él se decía. Para poder seguir. El resultado se titula, curiosamente, Mi lucha. Una cosa enorme, monumental, que pretende hablar de tú a tú a lo que ya hiciera Marcel Proust hace décadas, casi un siglo.

Yo creo que sólo se puede escribir sobre uno mismo. Y al mismo tiempo es imposible. Para escribir es necesario crear una máscara, un artificio. Algo sobre lo que cimentar todo lo demás.

Nadie sabe quién era realmente Giacomo Casanova, a pesar de que nos ha contado su aventurera vida, sus supuestas intimidades con señoras de toda índole. Josep Pla, al contrario, evitaba entrar en detalles; practicaba, digamos, una autobiografía indirecta. La mirada puesta siempre en el entorno, en lo general. Henry Miller era un farsante; fácilmente desenmascarable, como el resto de los escritores autobiográficos norteamericanos. A Louis-Ferdinand Céline no le importaba caer mal a la gente; sus libros son como los de un punk, escupiendo a su público.

Proust publicó poco en vida. Escribía postrado y dejó inacabada la parte final de su enorme obra. A pesar de ello su larga memoria evita mencionar a su hermano, cosa curiosa (¿cómo se puede evitar un dato tan relevante, en el relato de la infancia?). Ni siquiera pretende superar los prejuicios de la época describiendo su enamoramiento de Albertine Simonet (la tal Albertine se llamaba en realidad Alfred Agostinelli, secretario y ayudante del escritor).

La escritura autobiográfica es mentira. Nadie podría soportar la propia imagen. Chateaubriand esperó hasta el final para dar a luz sus Memorias de ultratumba. Tal vez el gesto más honesto de cualquier escritura autobiográfica: ofrecerla como testamento.

Recientemente he encontrado una cosa curiosa. Algo que me advierte de que todavía existe una nueva variante, otra posibilidad. El fraude literario, la falsa autobiografía.

Encontré en una librería de viejo un libro de relatos de un tal Nasdijj. Un supuesto indio mestizo norteamericano que escribe sobre la marginalidad de los suyos, sobre la enfermedad de su hijo (síndrome de alcoholismo fetal, al parecer, bastante común en las reservas de indios norteamericanos). Leo fragmentos y me gusta. En casa leo relatos completos y me gustan más. Acabo de descubrir a mi nuevo héroe literario.

Busco cosas en internet sobre este tal Nasdijj. El seudónimo alude a un tal Tim Barrus; protagonista de uno de los mayores fraudes literarios de la década pasada. Publicó tres libros calificados como autobiográficos. Hijo de una india nativa norteamericana y un hombre "blanco" maltratador. Unas vidas azarosas, desdichadas. El hombre "blanco" es retratado por Nasdijj-Barrus como un ser abyecto, miserable. El indio conserva cierta dignidad proveniente de su vinculación con la tierra, los ancestros, el mundo natural. El relato culmina en la figura del hijo adoptivo de Nasdijj-Barrus; un pequeño indio nativo. Finalmente se descubre que el hijo arrastra una enfermedad consecuencia de la absoluta marginalidad de los indios norteamericanos: el alcoholismo fetal, debido al consumo abusivo de alcohol de la madre durante el embarazo. Al parecer, un problema muy común entre los indios.

Sin embargo, Barrus no es indio, ni medio indio. Se trata de un hombre "blanco" haciéndose pasar por indio.

El resto de su biografía, a grandes rasgos, podría coincidir. Nasdijj y Barrus nacen el mismo año, 1950. Su padre ("blanco" en ambos casos, pues Nasdijj dice ser mestizo) trabaja de granjero itinerante en ambos casos (el hecho de que fuera o no un maltratador no puede probarse a estas alturas). La madre de Nasdijj es una india de la tribu de los Navajos; la de Barrus es una emigrante escandinava (noruega, creo).

Hay más coincidencias. Barrus, como Nasdijj, adopta junto con su primera mujer a un niño indio nativo (navajo), con graves problemas de salud. En el relato de Nasdijj el niño navajo muere a los pocos años. En realidad, al parecer, Barrus y su mujer no son capaces de hacerse cargo del niño, debido a los problemas psicológicos y de salud del pequeño navajo, y se ven obligados a retornarlo al orfanato. Al poco nace su única hija y luego el matrimonio se separa.





Hasta la publicación de la autobiografía de Nasdijj, Tim Barrus no había sido capaz de publicar nada más que relatos de pornografía homosexual, con los que se ganaba la vida.

Probablemente, sin desdoblarse en Nasdijj, el escritor medio indio, sus historias nunca se hubiesen publicado.

En la misma época, otro fraude literario suele equipararse al de Nasdijj. Un tal J.T. Leroy publica unas supuestas memorias en las que relata su pasado miserable como hijo de una prostitura y chapero seropositivo. Las había escrito una ama de casa llamada Laura Albert. En castellano las publicó Mondadori. Uno de sus famosos títulos es revelador: El corazón es mentiroso.


2 comentarios:

  1. Muy interesante. Casi de acuerdo en tu valoración del género autobiográfico

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