viernes, 17 de febrero de 2012
He comprado todos los libros de Thomas Pynchon, he ido a comprar cantidades ingentes de comida, como si estuviésemos en guerra o algo parecido (El mundo se acaba, dice mi mujer), he comprado también herramientas y juegos de mesa, para entretenernos sin tener que salir de casa, me he comprado toda la ropa que he creído más adecuada para llevar a cabo con éxito la técnica chamánica de la invisibilidad, he comprado a su vez varios discos de mi grupo favorito, los Rolling Stones, y alguno de su cantante, Mick Jagger, en solitario, me ha dado por comprarle flores a mi mujer, docenas de rosas rojas, como en una celebración, y maquillaje, pero para mí, quiero probarlo por si es o no efectivo para enmascarar la invisibilidad; de alguna manera este comportamiento compulsivo revela algo, no sé el qué, pero algo; quizá estoy atrapado como una mosca o tal vez me esté volviendo loco: hola, me llamo José Moro y vivo en otra época, ah, se me olvidaba, me he aficionado recientemente a comer croissants. Nunca antes me habían gustado. No soporto el hojaldre. Odio el hojaldre. Me parece burgués y aburrido. Todo es tedio.
En Contraluz hay un detective (no recuerdo el nombre; tendría que tomar apuntes para recordarlo y no me da la gana hacerlo) que se ocupa de perseguir anarquistas. Desconozco si es o no realista esa obsesión norteamericana por combatir el anarquismo. Da la sensación de que sí fue una preocupación norteamericana y tal vez mundial a principios del siglo pasado. Recuerdo una novela de Aleksandar Hemon que trata el tema del anarquismo en los Estados Unidos a principios del siglo XX. Se titula El proyecto Lázaro, creo. Asesinatos y marginalidad como consecuencia del miedo que provoca el anarquismo. Cuando la clase burguesa se establece y se asienta en una sociedad nueva como la norteamericana en aquella época uno de sus principales enemigos, al igual que el hombre salvaje (el indígena norteamericano), es el anarquista. Yo creo que el anarquista encarna la esencia del Hombre Rebelde. El anarquista se opone al Sistema, desde sus cimientos. El detective de Contraluz es enviado a Denver para combatir el anarquismo, comienza entonces a investigarlo y en el punto en que yo he dejado por ahora la lectura se está enamorando del anarquismo; es decir, comienza a odiar a aquellos para los que trabaja, los burgueses y oligarcas que empiezan a acumular el poder en los Estados Unidos. En este punto Contraluz ha mutado en novela política. La historia de la seducción que ejerce el anarquismo en alguien que comienza a descubrirlo.
Cuando dejo Contraluz, porque me aburro, siempre me aburro, convirtiendo el aburrimiento casi en un estilo de vida, cojo Rayuela, de Julio Cortázar, ya lo he dicho anteriormente. Rayuela es la novela de un artista. Un artista pagado de sí mismo y contento de ser un artista y vivir como un artista. En Rayuela se pasan el tiempo escuchando jazz. Parece más un tratado de jazz que una novela. Tal vez por ello para mí es un coñazo de novela; porque desconozco la mayor parte de las referencias que aparecen en ella, no soy para nada un erudito del jazz ni lo pretendo. En Rayuela hay jazz, indolencia de artista y azar. El tema del azar o la casualidad me da lo mismo; nunca me ha interesado; me aburre, como el hojaldre. El azar y el hojaldre son lo mismo.
Novedades en torno a la técnica de la invisibilidad. Soy capaz de hacer invisible todo lo que llevo encima: ropa, bolsas, complementos de moda, lo que sea. Hasta un libro o una revista que lleve en la mano. Hoy por ejemplo yo he entrado en el trabajo completamente invisible. Tenemos que fichar al entrar, de modo que he fichado sin que nadie se diese cuenta. Se ha oído el clic y alguien se ha girado y ha comentado algo, pero no me ha visto. Nunca me ven.
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A veces, estar en el ángulo muerto puede hacerte creer invisible sin serlo.
ResponderSuprimirA mí si me interesa el tema del azar, la casualidad en la literatura, aunque no cuando se trata desde un punto de vista lineal, quiero decir que me interesa como abanico de posibilidades... un poco como lo intentaba tocar Marías en sus novelas antiguas y buenas.
Los hacedores de artistas son un grupo selecto de curadores, galerías y museos. Ellos deciden lo que es, y no es, arte. En todo el mundo hay unas 200 galerías que fabrican a los artistas. Y entre esas 200 galerías, hay 30 que lo deciden todo en el mercado del arte globalizado. Más del 30% de los artistas representados en Art Unlimited (en la feria Art Basel) provienen de las mismas ocho galerías, lo que da una idea de su poder.
ResponderSuprimirNicolas Galley, Entrevistado en Babelia el 11/02/12 por Rodrigo Carrizo Couto.
tal vez hubo una época en la que el temita del azar era nuevo y excitante: Marías, Auster, Julio Médem y su puta madre... no lo sé;
ResponderSuprimirlans, leí el artículo y me pareció en algunos aspectos revelador: el lobby del arte lo manejan cuatro; es casi como una gran ficción, un constructo ilusionista que hoy en día no sirve más que para manejar grandes cantidades de dinero; el Arte ha muerto, amigo
el arte ha muerto...en las galerías; sobrevive en otros sitios, claro.
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